Hay que ser competitivo, pero no tanto...
Esta semana discutía con varios compañeros la necesidad de que exista competitividad en el deporte, o en cualquier juego en el que alguien pueda ganar, o perder (prácticamente todos los juegos de más de dos personas, imagino).
Yo soy muy competitivo. De hecho considero que es el aliciente imprescindible para que el juego o deporte resulte entretenido, y sirva de base para la propia superación. Eso hace que, por ejemplo, no pueda ver un partido amistoso, o incluso un partido donde no simpatizo por ninguno de los equipos.
Muchas veces, a esta competitividad se le une una necesidad imperiosa de apostar, ya sea en serio o de cachondeo. En las series americanas se observa con frecuencia como los personajes apuestan dinero con una facilidad asombrosa (la misma con la que pagan). Sin embargo, los españoles solemos apostar más de boquilla que otra cosa (por lo menos en mi ambiente), y normalmente no cerramos las apuestas salvo que se trate de porras deportivas o apuestas similares.
El caso es que hay gente tan competitiva, y tan desequilibrada, que es capaz de apostarse sus propios testículos porque su equipo gane (algo que muchos hemos podido hacer alguna que otra vez de boquilla), y, lo peor de todo, cumplir su apuesta:
Galés se corta testículos tras triunfo de su selección de rugby
Ahí queda. Lo he visto en La belleza del desencanto, y desde ahora creo que me lo pensaré dos veces antes de empezar una frase de la forma: por mis cojones que…
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Actualización: Acabo de recordar una letra del primer disco de Hora Zulu que decía:
Que me corten los cojoneh pa’ que veais que no protesto, no…















#1 - Inma
Madre mía…. yo soy competitiva pero no para tanto!!!
;)