Somos de Segunda
Y tenemos el mejor himno
En hora y media comienza el último partido de la temporada.
Pese a haber mantenido alejado cualquier favoritismo, el caso es que afrontamos este último partido con una ventaja envidiable (2-0 en la ida), algo que ha calado tanto en la afición, que está como loca por invadir la Plaza de las Tendillas, como hace ya casi ocho años (nuestro último ascenso).
Yo me sigo manteniendo en el lado de los precavidos. Como ya dije la semana pasada, pese al gran resultado, aún no se ha conseguido nada. Si Escalante opina que la clave está en no encajar ningún gol, yo soy de los que creo que lo suyo es marcar un gol como sea (lo que les obliga a marcar cuatro). Si no marcamos, las pasaremos canutas (el Pontevedra ya nos marcó 2 sin que apenas nos diéramos cuenta). Pero si marcamos, creo que tendremos fiesta.
Y como hace dos semanas me dio suerte, apuesto de nuevo por un 1-1.
Hace 4 años el Madrid ganó su penúltima liga ante la Real Sociedad en la última jornada, y casi todo el madridismo lo celebró como si nada.
4 años más tarde, con una historia similar, pero esta vez ante el Barça, se ha ganado una liga, pero parece que se ha ganado la champions. Y, para más ironía, los donostiarras cayeron a segunda (junto al equipo de Siniestro).
El caso es que, desde ya, la peor liga de muchos (muchos) años, es la que mejor sabor de boca nos ha dejado. El madridismo se merecía esta alegría.
De todas formas, la temporada aún no ha terminado. En Córdoba disfrutamos ayer de una fiesta inolvidable, pero tampoco “celebrable”. Se ganó 2-0 al Huesca, y vamos al partido de vuelta con muchas opciones de recuperar un hueco en la segunda división.
Aún así, hoy toca disfrutar.
Mientras toda la España futbolera está pendiente del Madrid, Barça y Sevilla (y también de descensos y UEFA), en Córdoba seguimos con lo nuestro, que ya es mucho.
Y es que la semana pasada nos ganamos el derecho a seguir soñando con volver a la segunda división, dejando fuera a un Pontevedra que no perdió ningún partido (la segunda division B es así de injusta y de cruel). Hoy recibimos al Huesca, que quedó segundo en la liga regular, y que, para mí, es el favorito en la eliminatoria.
Así que, como en el primer partido ante el Pontevedra, creo que lo más importante es que hoy no encajemos ningún gol, y que la ilusión se mantenga otra semana.
En un fin de semana marcado por la sobredosis de deporte televisado, el Córdoba juega el que, espero, no sea su último partido de la temporada.
El Pontevedra sigue siendo favorito, y encima juega en casa. Pero la recuperación de Arteaga puede ser clave para que ayude a que el equipo recupere el juego que lo hizo líder del grupo buena parte de la temporada.
Apuesto por un 1-1. O, como Laporta hablando del Madrid-Mallorca, más bien lo deseo.
Esta noche nos jugamos el primer asalto para el regreso del Córdoba a la Segunda División, dos años después. Esperemos que haya tres asaltos más, aunque las cosas no pinten tan bien como hace mes y medio, cuando aún éramos el mejor equipo de toda la Segunda División B.
En Córdoba, donde la gente sólo se mueve en ocasiones como ésta, podremos disfrutar de un estadio completamente lleno (dicen que incluso viene gente de Cádiz, Huelva y Jaén a animarnos), y esperemos que con eso consigamos suplir las importantes bajas de este final de temporada.
El caso es que, aunque el Pontevedra es favorito se mire como se mire, lo último que se pierde es la esperanza, y la ilusión. Y yo espero que podamos mantener esa ilusión, como mínimo, hasta la semana que viene.
Hace un rato, ojeando el Marca, me encuentro con la noticia de los 63 puntos de Kobe Bryant:
Luego sigo con el As, y leo que son 65:
Leyendo El Mundo, la cifra de puntos parece estabilizarse en 65:
Aunque en la noticia completa parecen no estar muy convencidos:
Y cuando termino con el 20 Minutos, Kobe sólo mete 62 puntos:
Y en la noticia completa del 20 Minutos, el lío final, primero mete 62 puntos, y después 63:
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¿Tanto costaba entrar en la página oficial de la NBA y ver cuántos puntos metió Bryant?
Estoy perdiendo facultades. He necesitado una temporada completa y un par de capítulos de la segunda temporada de Prison Break para descubrir un parecido que, una vez visto, hace que ya no veas más a LJ Burrows (Marshal Allman), sino a Cañizares, el portero del Valencia:

Ahora todo el mundo se ceba comparando las selecciones españolas de fútbol y baloncesto. Es muy fácil. Y los futbolistas son en general tan odiosos, que se merecen todo eso, e incluso mucho más (¿indiferencia?).
Pero también es cierto que las comparaciones son odiosas, además de injustas. Es evidente que la selección de baloncesto es ahora la perfección a todos los niveles. Un gran entrenador y doce grandes jugadores, uno de ellos estrella de la NBA, que no sólo destacan como deportistas, sino que son tan simpáticos y humildes como currantes. Y parece que toda la estructura que rodea a la selección se comporta de forma impecable.
En el otro lado tenemos a un entrenador cuya mejor época parece quedar ya bien lejos, y una banda de jugadores endiosados y antipáticos (la mayoría) donde ni siquiera los mejores brillan en sus respectivos equipos. Y de Villar y compañía mejor no hablar.
Y claro, es muy fácil encontrar tantas diferencias (aunque Martí Perarnau se empeña brillantemente en todo lo contrario), como si explicaran el éxito de los unos y el fracaso de “Los Otros”.
Pero el deporte no es sólo lógica. ¿Cuántos equipos de pésima gestión han logrado grandes triunfos? ¿Fue tan bueno el Madrid de la séptima y octava Copas de Europa? ¿Sería tan grande el Barça si hubiera tenido dinero para echar a Rijkaard cuando estaban convencidos de que no valía? ¿Y si hubieran fichado a Beckham (como quería Laporta) en lugar de Ronaldinho? ¿Y qué ocurre con todos esos equipos cuyos gestores hacen el trabajo adecuado, los jugadores son simpáticos y comprometidos, y luego no ganan nada?
¿Y si Joaquín no hubiera fallado su penalty ante Corea? ¿Y si Julio Salinas no hubiera cantado tan estrepitosamente ante Italia?
¿Y si el triple de Argentina hubiera entrado?
… al blog.
Después de dedicar toda una serie de posts a la triste selección de fútbol para que caiga en octavos, ignoro (por motivos vacacionales) a la increíble selección de baloncesto, y gana el mundial.
Y así comienza la cuarta temporada de lebyrus, retomando el diseño patrio presumiendo de una selección que ha cambiado la historia del deporte en España. La clave fue el triple que falló Argentina en el partido de semifinales. En condiciones normales, ese triple habría entrado, y nos habríamos vuelto a casa llorando como siempre, presumiendo de que éramos mejores, y que la eliminación era injusta.
Pero el triple no entró, y cambió nuestro destino. Ojalá la selección de fútbol se contagie de todo lo bueno que tiene la de baloncesto, y dejen de ir de estrellitas por el mundo, que lo dudo.
La culpa de todo no fue sólo mía...