El año ha empezado fuerte, y ya he terminado el libro que os comenté hace pocos días.
Para un cristiano, como el que soy, o intento ser desde hace ya muchos años, es muy difícil sacar conclusiones de un libro como éste, que, si bien es cierto que no llega a atacar el mensaje de Jesucristo, sí que da un repaso histórico a su figura, repaso que, como mínimo, consigue que me replantee buena parte del conocimiento (que creía tener) sobre Jesús.
El Jesús que nos muestran es un Jesús humano, del linaje de David, Rey de Israel. Casado con María Magdalena, descendiente de la familia real de la tribu de los benjamitas, consiguió la reconciliación entre las distintas tribus judías, con lo que intentó ejercer su derecho al trono de Israel, en plena ocupación romana.
Ese intento consistió, entre otras medidas revolucionarias y antirromanas, en promulgar un mensaje que caló hondamente entre buena parte de sus seguidores, dando pie a una división entre los seguidores de su mensaje, y los defensores de su realeza.
Está claro que fracasó, y que dicho fracaso concluyó con un exilio del propio Jesús, con datos bastante confusos sobre el posible fraude de la crucifixión. Por otro lado, su familia también huyó, a Francia, buscando la supervivencia de su linaje, linaje que, siglos más tarde, derivaría en los famosos Merovingios.
Por otro lado, los seguidores más acérrimos de su mensaje se encargaron de modificarlo a su antojo para que calara en la sociedad romana, de ahí que los romanos no parezcan tener culpa en la muerte de Cristo, y también lo dotaron de la divinidad necesaria para que se convirtiera en el mismo Dios.
De estos seguidores proviene la actual Iglesia Católica (y Romana), que competía por el liderazgo con otras tantas iglesias cristianas, y que lo alcanzó al pactar con la dinastía Merovingia cuando ésta reinaba en territorio francés.
Siglos más tarde, después de que la Iglesia rompiera su pacto, la dinastía Merovingia se diluyó y desapareció del dominio público, apareciendo en escena el Prieuré de Sion (también llamado Priorato de Sión, u Orden de Sión), como encargados de preservar dicha dinastía, y de devolverle su reinado.
Evidentemente, es la hipótesis que defienden los autores del libro, para lo que aportan una bibliografía muy extensa que parece confirmar dicha hipótesis hasta cierto punto.