Hoy he empezado, de nuevo, las clases.
Otra vez pendiente de los horarios (que no podré cumplir), de los apuntes (que no podré pillar), de los exámenes… La pena es no poder dedicarme a ello como el resto de estudiantes. Y aún hay quien dice que la vida del estudiante no es la mejor.
En fin. Por un día, por una mañana, puedo olvidarme del trabajo. Esperemos que merezca la pena.