
El último trabajo de Hamlet va a dar que hablar. Y mucho. Y es que el grupo se ha apartado bruscamente de su lado más macarra, y se ha parece haberse metido una sobredosis de Sober (o Savia, que es lo mismo) que los ha marcado terriblemente (para muchos de sus seguidores más cerradetes) o para bien (para otros cuantos, y alguno nuevo que caerá gracias a este giro).
La primera sensación que se tiene al escuchar el disco es evidente: No son Hamlet. Sin embargo, desde el primer tema se les reconoce la calidad de su producción (como en sus anteriores trabajos), y, aunque no abandonan en (casi) ningún momento una línea melódica (muy, pero que muy cercana al pop), sus juegos de acordes y sus ritmos pesados siguen siendo claramente suyos.
Conforme lo he ido escuchando cada tema se ha ido convirtiendo en temazo, convirtiéndose desde hace unos días en mi nueva obsesión. Es cierto que sigo echando en falta más de un momento macarra de los suyos, ya que algo que me gustaba de sus anteriores discos (especialmente en el Insomnio) es el contraste entre la garra y la melodía. Pero el disco es, simplemente, brutal.

Por cierto, este disco, junto a otros que también me han entrado bastante fuerte, viene de sinmemoria.net, uno de los últimos blogs que he conocido, y del que tarde o temprano tenía que hablaros.