Ayer fue mi primer día de curro post-vacacional.
Fue duro, evidentemente, ya que volver al trabajo siempre lo es. Pero no es tan malo como el segundo día, uséase: hoy. Y es que el primer día todo es novedad. Todos te preguntan por las vacaciones. Tienes cosas que contar. La gente es comprensiva y te trata mucho mejor. Y se pasa relativamente rápido y bien.
Pero el segundo día desaparece todo lo bueno, y sólo queda la realidad. Se acabaron las historias, la compresión, y vuelve la rutina. Y encima, es martes.