El primero de ellos es hoy, y aunque ambos tienen una justificación aplastante, dudo que tenga tanto alcance como el día del apagón. Y es que no es lo mismo hacer una paradita de cinco minutos, que no usar el móvil durante todo un día (sobre todo aquella gente que realmente lo necesita).
En mi caso esperaba no tener problema alguno con este boicot, ya que son muchos los días en los que mi móvil ni envía ni recibe nada. Pero la coincidencia ha querido que al encender el móvil reciba un mensaje enviado justo anoche a las 00:01 (no es coña), de alguien que además no suele escribirme mensajes. Menudo presagio para una iniciativa que, la verdad, ojalá tuviera algo de éxito.