El viernes pasado tuve mi “concierto del año” con Pardao, y es que, para los que aún no lo sepáis, sólo hemos dado tres conciertos en los tres últimos años.
Realmente el año se iba a pasar sin concierto, ya que entre unas cosas y otras no hemos tenido mucho tiempo para ensayar en todo este 2009. Pero la fiesta navideña de todos los años de la empresa en la que trabajo, junto a su empresa hermana, nos brindó una grandísima oportunidad para mantener nuestro ritmo anual de conciertos.
Al ser un concierto para compañeros y amiguetes, en unas fechas en las que la gente suele tener muchísimas ganas de fiesta, decidimos dejar a un lado nuestro repertorio, y comenzamos a preparar unas cuantas versiones rockeras:
- Pongamos que hablo de Madrid, según Los Porretas
- Juliette, de Platero y Tú
- Todos mirando, de Barricada
- Arrepentido, de Sôber
- Sucede, de Extremoduro
- Agradecido, de Rosendo
Además mantuvimos dos de nuestros temas, Sin ti y Maleducado, y nos marcamos una versión rockera de la canción cordobesa por excelencia: Soy cordobés, con la que terminamos el concierto.

El caso es que ese mismo día tuve la genial puntería de levantarme con un buen resfriado, de esos que atacan directamente y sin compasión a la garganta. Y si a eso le unimos un buen almuerzo navideño junto a tus compañeros en las horas previas, podéis imaginaros cómo llegó mi voz al concierto.
Para colmo, comenzamos el concierto sin hacer una sola prueba de sonido, por lo que me encontré prácticamente sin voz en los primeros compases del Pongamos que hablo de Madrid. Después de muchos conciertos, era la primera vez que me encontraba en esa situación.
Sin embargo, tuvimos la suerte de contar con el mejor público que he tenido nunca, y lo que pudo y debió ser una tarde para olvidar (es muy duro darte cuenta en pleno concierto de que no hay apenas posibilidades de entonar decentemente), se convirtió en el concierto más divertido que haya tenido nunca.
La gente no paró de bailar, saltar y cantar, hasta tal punto que terminamos pasándolo como nunca lo habíamos pasado en un concierto, y casi consiguieron que me olvidase de que estaba cantando peor que nunca.
Y digo casi porque, como podéis imaginar, ni se me fue de la cabeza entonces, ni se me va a olvidar. De hecho ya cuento los días que faltan para el próximo concierto, en el que espero estar a la altura, y espero compensar a toda la gente que vino con un concierto en condiciones.